lunes, 26 de diciembre de 2016

Invierno, una pausa sin descanso.

Ya ha comenzado el invierno y seguimos disfrutando de esta pausa en la que no se permite parar. Es una de las cosas más interesantes del campo, la continuidad en el tiempo y la necesidad de tener visión a corto y a largo plazo en todos los aspectos, en todo momento.

Con la llegada del fin de temporada se acabaron los kilómetros, el calor, la preocupación por la sequía, los tentaderos,… En su lugar llegaron la lluvia, el frío, el barro, el corredero de los toros, el saneamiento de invierno, el segundo herradero, la paridera y un sinfín de cosas más. Atrás quedaron los nervios que traían consigo los festejos, pero hay que seguir preparando las próximas temporadas sin dejar de sentir el presente.


En esta época todo parece lejano para el aficionado, pero lo más importante siempre está aún por llegar, por lo que a pesar de esta pausa, se debe continuar sin perder nunca de vista las metas que se plantean día a día. Toda la organización debe ser muy meticulosa para saber combinar varios guarismos dentro de un mismo año; para explicarlo, voy a escribir una relación de las distintas actividades que se hacen a lo largo de un año según las edades de los animales. Por ejemplo, este año hemos hecho lo siguiente:

-          Hemos lidiado en corridas el guarismo 2012, algunos machos del guarismo 2013 en una novillada con picadores y algunos machos del guarismo 2014 en una novillada sin picadores.
-          Hemos tentado las hembras del guarismo 2014. En breve, comenzaremos a ver el guarismo 2015.
-          Hasta junio de 2016 estuvo naciendo el guarismo 2016, pero desde julio de este año hasta junio de 2017, estará naciendo el guarismo 2017.
-          Los lotes que están repartidos en el campo con sus correspondientes sementales, parirán las crías de estos toros en el guarismo 2018.

Como se puede ver, hay un período de cuatro años entre lo que se está viendo tentar y los nacimientos que se están organizando. La paciencia es una virtud y, en el campo, una bendición.


Este invierno está siendo muy intenso para nosotros. En las últimas camadas de hembras tentadas se está viendo una calidad muy prometedora y los machos que se han toreado hasta el momento están dejando el listón alto para los que se continúa criando. Aunque ya se comienza a formar parte de ferias muy reconocidas, aún queda mucho camino por andar; es hora de trazar ese camino. Este año hemos probado dos sementales nuevos, de los cuales sólo uno se ha quedado en la ganadería para padrear, y ahora estamos expectantes por la camada de hembras del guarismo 2015 que vamos a comenzar a tentar. Con ellas vamos a comprobar los productos de otros cuatro sementales nuevos, además de la mezcla entre novillas aprobadas recientemente con sementales ya contrastados.


Es realmente fascinante contar con hierros de primera categoría para formar uno nuevo, buscar las mejores características de cada uno de ellos y dar lugar a una mezcla única, verlos crecer sabiendo que en cada uno de ellos hay una parte de nosotros mismos, porque en su tentadero hicieron algo con lo que nos sentimos lo suficientemente identificados como para dejarlos criar. El invierno es la etapa para disfrutar de todo ello en la intimidad, saboreando cada instante, cada gesto, cada alegría, cada susto, cada triunfo, cada fracaso. Es un mundo hermoso, muy duro y exigente, pero puro y natural como ninguno. Es un mundo para sentirlo, para defenderlo mostrándolo tal y como es, sin adornos ni extravagancias, pues no las necesita, es maravilloso en su sencilla grandeza.


domingo, 3 de julio de 2016

Manipulando una obra de arte.

Se habla mucho acerca de la manipulación a la que están sometidos los toros bravos desde que nacen, haciendo referencia, sobre todo, a las astas. Como aficionada, soy la primera en desear que los toros que salten al ruedo mantengan íntegras sus condiciones naturales para la lidia; pero eso es una cosa y otra muy distinta es la necesidad de criarlos de una determinada forma. En mi opinión, la clave está en el límite que hay que marcar para que esa manipulación sea beneficiosa y no perjudique a la lidia.

Todo comienza antes incluso del inicio de la gestación del becerro, ya que se ha realizado una selección meramente artificial mediante un tentadero para elegir qué animales valen para ser padres, y también se ha elegido a lo largo de qué meses debe nacer. Durante la gestación, se acostumbra a las vacas a la presencia de los caballos y/o del coche, son alimentadas a base de pienso y llegan a permitir cierta cercanía, algo muy beneficioso para cuando se produzca el parto. Cuando éste tiene lugar, la vaca defenderá a su cría ante cualquier posible amenaza, empezando por el personal de la finca; pero aquí entran en juego esos meses de continuo acercamiento. Si el manejo ha sido el apropiado y se mantiene la calma al ir a colocarle el crotal al becerro, lo más probable es que llegue a ser una faena relativamente fácil y los animales apenas sufran estrés.
Tras asignársele un crotal a cada becerro, pasará un tiempo hasta que tenga que hacer su primer viaje a los corrales. Los golpes con las puertas, las voces excesivas, alterarlos innecesariamente, ser agresivo en los tratamientos veterinarios, etc. puede provocar que los animales se resabien y dificulten su manejo en lo sucesivo. Otro momento clave es el herradero, en el que se les coloca su correspondiente número a fuego, su guarismo, el hierro de la ganadería y la asociación en la que está inscrita. Ese día tiene un simbolismo muy especial para el ganadero y será quizá el último contacto importante que se tiene con el macho hasta que sea apartado para ser lidiado en una plaza. En otra ocasión comentaré con detenimiento el tentadero.
 El simple hecho de interferir en sus vidas, alimentarlos, trasladarlos a los corrales, herrarlos, colocarles un crotal o vacunarlos, es manipulación; bien hecha es beneficiosa y mal hecha es muy contraproducente, pero en ambos casos es muy necesaria. Y, además, la ley exige que se lleve a cabo buena parte de este procedimiento. Es obligatorio hacer dos saneamientos al año de la ganadería completa y seguir una campaña de vacunación de Lengua Azul: las crías que cumplan un mes serán vacunadas, con su correspondiente revacuna a los 21 días, y una vez al año se les administra otra dosis.
La alimentación es más natural en el caso de las vacas, aunque habitualmente es necesario complementarla con pienso. En los toros es diferente, ya que aproximadamente un año antes de ser lidiados comen, además de la hierba, pienso de remate. Ese pienso tiene una composición escogida expresamente para reunir las cualidades que desee cada ganadero y se adaptará a las condiciones de cada finca. Con la sanidad sucede exactamente igual: hay que procurar contar con el mejor equipo veterinario del que se pueda disponer para asegurar el bienestar de las reses y garantizar que tengan un alto rendimiento.

Y aunque no se valore como se debiera, el manejo ocupa un lugar igual de importante que la selección, la sanidad o la alimentación. Son muchas las ganaderías que tienen un material genético exquisito con el que podrían salir toros que pasasen a la historia por las bellas faenas que se les podría hacer, pero por unas circunstancias u otras no reúnen las cualidades necesarias para que el torero lo pueda llevar a cabo. Hay veces en las que la lluvia o el frío impiden que se rematen bien, el alimento no sea el adecuado porque ese año habría necesitado otra composición, la calidad del agua no fuera buena y ha perjudicado su salud… y mil posibilidades más. Pero una cosa que falla en muchas ganaderías es el manejo.
Es cierto que según el encaste hay que adaptar el manejo a su comportamiento y algunos supondrán un esfuerzo mucho mayor, pero merece la pena. Porque no es lo mismo que un toro con gran calidad salga malo por haberlo acostumbrado mal en los corrales y tampoco es lo mismo que un toro de condición media acepte antes cómo le enseña el torero a embestir.

Este texto lo he escrito a raíz de las continuas alusiones que se hacen a la manipulación del toro bravo, centradas casi exclusivamente a las astas. Cada ganadero sabe lo que sucede en su casa y no voy a meterme en camisa de once varas, pero la doble moral que existe en torno a este tema es digna de estudiarse (y tratarse). Si se quiere tener un pitón completamente íntegro y de una longitud descomunal, hacen falta fundas y, por lo tanto, manipulación; si se quiere natural, hay que comprender que no dejan de ser animales y se rascan en el suelo, árboles y piedras y el pitón sufre un gran desgaste. En ese caso también habría manipulación al modificar su entorno para reducir ese desgaste dentro de lo posible y al tener que quitarles las astillas que se produzcan en el cuerno.
Por lo tanto, sí, el toro está sometido a una manipulación diaria, tal cual. La diferencia está en saber dirigirla por el camino correcto para que nunca sea contraproducente ni le reste naturalidad al toro ni le perjudique el lucimiento en esa única oportunidad que tiene en el ruedo. Todas las obras de arte tienen que ser manipuladas, desde el barro de una escultura hasta la pintura que cobrará vida en el lienzo. Todas y cada una de ellas son la manera de expresarnos que tenemos los que nos dedicamos a crearlas y darles forma, por eso no tendrían ningún sentido si no llevaran impregnados todos los matices que nosotros llevamos dentro. Y, sinceramente, no hay nada más bonito que darle forma a una obra de arte que ya es bellísima por sí misma.

miércoles, 18 de marzo de 2015

El embarque, el último adiós.

El embarque es una de esas faenas a las que todo el mundo quiere asistir y ser testigo de ese último instante en el que el toro parte de la finca para no volver. Para el que lo siente y lo vive es un momento mágico; posiblemente se trate de la despedida definitiva y con cada toro se va un poco de nosotros mismos. Deseamos que tenga suerte, que lo dé todo de sí mismo y que refleje aquello que se ha estado buscando en todos los años de selección.
Pero a pesar de la emotividad que pueda albergar, se trata de la última vez que se ponen a prueba las habilidades de los trabajadores y el ganadero en lo que al manejo se refiere (al menos, es la última vez en el campo). Un mal movimiento, un gesto brusco o una sombra despistada pueden hacer que el toro remate en una pared del chiquero o en una puerta y se estropee. Todo sucede en pocos segundos y se puede acabar sufriendo una pérdida irreparable: pitones partidos, animales descoordinados, lesiones graves, etc.


Sin embargo, aunque es difícil conseguir que el toro se tranquilice al ser separado de sus hermanos de camada y guiado a través de los chiqueros, hay formas de acostumbrarlo y acomodarlo para que el nivel de estrés sea el mínimo. A los toros les beneficia mucho en su carácter conducirlos por los corrales de vez en cuando, con mucha calma y sin ruidos ni movimientos que los asusten o los alteren. Poco a poco están tan acostumbrados que se mueven ellos solos y saben qué ruta seguir, sin necesidad de seguirlos o arrearlos. Puede parecer una pérdida de tiempo, pero cuando llega el momento de utilizar el cajón de curas o embarcar un toro, se agradece con creces haber hecho una gran labor previa. El toro entra caminando sin ponerse nervioso y se aprovecha su querencia para conseguir llevarlo donde queremos.
Hace poco pude ver cómo en un lugar en el que los animales no estaban acostumbrados al manejo sosegado sufrían mucho estrés al conducirlos a los corrales o apartarlos en el campo. Se pegaban, se arrancaban al caballo al presentar firmeza ante ellos y daban varias vueltas al cercado antes de ir donde se quería. Tras llevarlos a los corrales dos o tres días a la semana durante un tiempo, apenas oponen resistencia y pasean por los chiqueros sin presentar ningún tipo de molestia. Algunos dirán que esto puede perjudicar a su comportamiento en la plaza, y quizá sea así, pues cuanto mejor es su manejo más limpia y clara son su embestida y su bravura. Y en absoluto presentan mansedumbre.


Al principio comentaba lo llamativa que puede resultar la labor del embarque para muchos aficionados y los propios profesionales del toreo. Pero si esto es cierto, también lo es el incremento de riesgo al que se exponen los toros cuando acuden muchas personas. Se estorban unos a otros en los pasillos, las voces adquieren tonos más altos y hay que jugar con muchas más sombras (a las que embisten los toros en las paredes) y nervios. La alteración global se transmite a los toros y es mucho más fácil que se vuelvan problemáticos; ésta es la razón por la que el ganadero procura en la medida de lo posible que el embarque sea una faena relativamente privada, presenciada únicamente por las personas imprescindibles (ganadero, mayoral y vaqueros, representante de la plaza y representantes de los toreros).
Ya empieza la temporada y ya llegan los días en los que hay que madrugar aún más, apartar los toros con las primeras luces del alba, mantener la calma en todo el proceso que se lleva a cabo en los corrales y transmitírselo a cada uno. Y si se puede, dedicarle esa última mirada y ese último pensamiento… Suerte, vamos a por todas, estoy orgullosa de ti.

martes, 3 de febrero de 2015

El toro, la razón de mi vida.

     Me pregunto cuántos de los que dicen querer dedicarse al trabajo del toro bravo en el campo son conscientes de la dificultad y la responsabilidad que se esconden tras la belleza de este animal tan especial.

     Ni qué decir tiene el profundo placer que produce poder dedicar la vida de uno mismo a su crianza, a su mantenimiento, a su protección; es uno de los trabajos más gratificantes y singulares que he tenido la suerte de poder conocer con detalle. Sin embargo, también es muy sacrificado. No existe horario ni calendario, no hay excusas ni se pueden permitir despistes, porque un error puede acabar repercutiendo en la vida de uno o en la del propio compañero, ya sea éste una persona o una montura. Como todo en la vida, nada de esto importa si la espina se clava en el corazón y extiende su veneno. Con el toro, si llega realmente al corazón, no hay esperanza de recuperarse y como solemos decir los aficionados: “bendita locura y bendito veneno”.

     Tuve la inmensa suerte de nacer en un entorno privilegiado tanto a nivel familiar como a nivel profesional, ya que mi padre era (y es) mayoral en una ganadería de lidia. No ha habido un solo día en el que no haya conseguido transmitirme un elevadísimo nivel de responsabilidad y dedicación por este oficio, no recuerdo ninguna ocasión en la que nos hayamos marchado de la finca habiendo quedado algo importante por hacer. No fueron pocos los días en los que saliendo por el camino principal de camino al pueblo hubo que volver porque un toro se había escapado, le habían pegado y se requería atención veterinaria o llegaba una visita inesperada. Pese a ello, nunca me he arrepentido ni me arrepentiré de haberme quedado junto a él para ayudarle o simplemente aprender; el toro es lo más bonito que me ha pasado y, sinceramente, ha dejado el listón muy alto. Tampoco fueron pocas las tardes que pasábamos rodeados de papeles de la ganadería y, de hecho, fue la razón por la que aprendí a leer. Siendo muy pequeña ansiaba poder ayudar a mi padre con los papeles y no me dejaba porque no sabía leer, tal era mi rabia que aún recuerdo sentarme junto a mi madre cuando escribía la lista de la compra e ir deletreando cada palabra hasta que aprendí y no hubo más remedio que dejarme ayudar.

     La edad no era una gran aliada a mi favor y sólo podía permitirme el lujo de disfrutar en la finca los fines de semana o las tardes en las que no tenía que estudiar, ésa y no bajar el rendimiento de mis notas eran dos normas inquebrantables. En su día, como cualquier niño, no lo entendía y sin embargo hoy lo agradezco sobremanera. La temporada taurina tampoco terminaba de ayudar y durante el verano se juntaban mis vacaciones con las corridas de toros, por lo que no podía disfrutar de mi padre todo lo que quisiera. A todo esto se unía mi “rebeldía” como antitaurina… sí, aunque parezca mentira, hubo un tiempo en el que me creía antitaurina. Eso fue siendo muy muy pequeña, no comprendía por qué debían marcharse los animales que veía crecer a diario y no me gustaba que los matasen. La cabezonería me acompañaba y no consentía escuchar explicaciones. Afortunadamente, los tentaderos forman parte del campo y aunque no quisiera prestar demasiada atención, podía disfrutar de las palabras del torero en la intimidad de la plaza de tientas, ver cómo se sentía con las embestidas de las vacas, la importancia que cobraba el animal porque esa faena estaba dedicada a él, no había sangre que me nublara la visión y podía centrarme en el arte. Ahí, cuando comencé a tener uso de razón, fue cuando expandí mi afición más allá del campo. Eso sí, públicamente no lo admití hasta que fue evidente… Esta historia, aunque parezca una tontería, es uno de mis máximos orgullos; aprendí a entender el toreo y entré de lleno en él por pura afición, aunque hubiesen intentado hacerme taurina al principio dejaron esa decisión en mis manos. La curiosidad me llevó a meterme en ello y lo que descubrí fue lo que me enamoró para siempre. Culpa de ello siempre la ha tenido el toreo del maestro “El Juli”.


     Los años han ido pasando y con ello ha ido aumentando mi pasión por este bonito mundo. Se han pasado momentos muy duros, pero siempre han quedado eclipsados por ese porcentaje mucho mayor de grandes momentos. Se convierte en una adicción sentir tanta libertad y tranquilidad, incluso al requerir una dedicación permanente y hacerse cargo de tan elevada responsabilidad. Pero aun con todo esto, no recuerdo haber antepuesto absolutamente nada (aparte de los estudios) a los toros; ninguna fiesta, ninguna salida, ningún viaje… nada ha estado nunca por encima de ellos. Y a pesar de esto, son los que me han dado la vida, me han hecho feliz y me han hecho cometer locuras. He perdido una juventud “normal” en el mundo actual, pero es algo de lo que me enorgullezco porque he vivido algo al alcance de muy pocos y he sabido aprovecharlo. En lugar de irme de fiesta cada fin de semana (aunque salir con amigos y pasarlo bien es algo que hay que hacer), mi aventura era y es ir y volver en un mismo día a cualquier plaza en la que torease mi torero favorito o lidiase una ganadería que me interesase.

     Uno de mis fines de semana perfectos fue en septiembre de 2009; me monté con mi padre en el coche y salimos el viernes a mediodía. Desembarcamos una corrida en Aranda de Duero (Burgos) y seguimos hacia Dax (Francia). Pasamos allí la noche, por la mañana asistimos a una novillada sin picadores de Antonio Bañuelos, fui testigo de un bonito sorteo en el que el protagonista era el toro y disfruté de una tarde de gran toreo. Componían el cartel Enrique Ponce, Julián López “El Juli” y Sebastián Castella. Nunca olvidaré el ‘faenón’ que hizo el maestro Juli a un toro 76 de nombre Víbora, una de las faenas más bonitas a las que he podido asistir en directo. Con una divisa preciosa de recuerdo, volvimos esa misma noche hasta Aranda de Duero y allí nos quedamos hasta el día siguiente para poder disfrutar de otra gran tarde de toros. Un mano a mano entre “El Juli” y Morenito de Aranda que acabó con la salida por la puerta grande para ambos toreros tras realizar faenas de arte puro y muchísimo sabor. Cuando esa noche llegué a mi casa tenía la sensación de haber estado fuera varios días, pero no podía siquiera expresar la felicidad y emoción que sentía. Esto es lo que me aportaba el toreo: el viajar, el aprender… el vivir lo que más me gusta.

     Hoy en día sigo al lado de mi padre absorbiendo como una esponja cada lección que me da y nunca abandonaré esta preciosa afición que llevo dentro de mí.

     No uso este blog tan a menudo como quisiera para compartir mi visión acerca de este mundo, pero me apetecía que se viera lo importante que es para algunas personas como yo que se respete esta forma de vida tan compleja y a la vez tan bonita. Sentirse ganadero, mayoral, vaquero o aficionado no es algo que varíe, es algo que forma parte de nosotros mismos y tenemos que transmitirlo como lo que es: un gran orgullo. Se habla de ecología y de protección animal pero no somos capaces de hacer ver que nadie ama más un animal como lo amamos los que realmente vivimos por ellos. En el campo se ven muchas barbaridades, pero en las ganaderías en las que se hacen bien las cosas, en las que hay ganaderos de verdad, se puede ver el sueño de un ecologista. No podemos dejarnos ganar la batalla porque jugamos con ventaja, tenemos la verdadera definición de ecología acompañada del arte más bonito que hay en la Tierra.

     Señores, luchemos por lo que es nuestro. El toro es mi vida y mi vida le entrego cada día.

miércoles, 4 de junio de 2014

Festival en San José del Valle, 31 de mayo

El pasado sábado, 31 de mayo, tuve la suerte de poder disfrutar de un fantástico día taurino.
           
            Por la mañana se celebró en la plaza de toros de la Escuela Municipal de Tauromaquia de Jerez de la Frontera (Cádiz) una clase práctica en la que los beneficios recaudados fueron destinados a la asociación ADIF. Actuaron los matadores Jesuli de Torrecera y Sandra Moscoso, que se formaron en esta escuela, y varios de los actuales alumnos. 

            Esta entrada la quiero dedicar a lo que pasó ese día por la tarde. Gracias a mi padre he podido asistir con él a muchos festejos y a otros he ido sola, pero nunca me había enviado para ser sus ojos esa tarde. Mi primera vez como representante de la ganadería no podría haber sido más especial, ya que el ganado estuvo a un gran nivel (es muy difícil que salgan 4 animales buenos de 5) y pude ser partícipe de ello con una compañía especial. 

              En San José del Valle se celebraba un festival en el que las reses provenían de la ganadería de la que actualmente es mayoral: Virgen María. Allí me tocaba ir para ver cómo salían los cinco erales reseñados. La tarde invitaba a disfrutar y con esa sensación salió todo el público de la plaza al finalizar el festejo.

             Abría cartel Canales Rivera, al que le tocó en suerte un eral con el hierro de Santa Ana (el segundo de la casa). Salió éste apuntando a formar un lío, llegando con brío a los burladeros y rematando por abajo, permitiendo al torero lucirse en el recibimiento con el capote. Comenzó embistiendo con bastante recorrido y humillando, destacando el pitón derecho, por el que mostraba mucha más suavidad y calidad. Tras las banderillas se vino abajo de fuerzas y llegó a la muleta con menos motor, sin perder por ello la clase y nobleza que tanto entusiasmó al público. El torero apenas le sometió por abajo, pero cuando lo hacía respondía gustosamente, con fijeza y transmisión. Fue una pena que no tuviera fuerza, pues hubiera sido un animal de dos orejas en cualquier plaza con una buena lidia. Canales Rivera dio un bajonazo con el estoque y tras un descabello rápido, el eral cayó y le fueron cortadas las dos orejas.

            El segundo de la tarde (Santa Ana) correspondía a Jesuli de Torrecera, que afortunadamente no tuvo la suerte del anterior. Este eral confundía un poco al principio por reservarse la fuerza y cambiar de velocidad en el último momento, pero al entrar en el capote cambió esta condición y se vino arriba. Humilló un punto menos que el anterior, pero con ímpetu, bravura y mucha transmisión. Pasaba por el engaño con ganas, llegaba lejos y volvía rápidamente a tomarlo; ya en el inicio el público se fue entusiasmando ante este eral y la actuación del matador. En la muleta mejoró aún más y si se le exigía humillaba más y mejor, con el único contra de que si el torero se dejaba enganchar la muleta cabeceaba un poco. Aguantó toda la faena en el centro de la plaza, sin tener en ningún momento intención de rajarse, incluso cuando el diestro “se montó” encima y le ahogó al no darle demasiado espacio. La transmisión y bravura de este eral con la calidad del anterior sería el animal perfecto que se puede buscar en una ganadería. Lo mató de una estocada trasera y descabello, cortándole dos orejas.

            Sergio Sanz salió en tercer lugar y fue quien tuvo menos suerte, ya que le tocó el único eral que no presentó las condiciones necesarias para triunfar como se debe, perteneciendo al hierro de Vigen María. Fue un poco molesto en el capote cabeceando, a pesar de tener fijeza y transmisión cuando embestía con limpieza. La falta de experiencia del torero también estuvo presente, aunque consiguió meterle en la muleta y pulir algunas asperezas, llegando a sacar tandas limpias y bonitas. No tenía mala condición el novillo y de hecho hubo momentos muy buenos, pero tampoco era una embestida cómoda ni estética. Éste fue sin duda la oveja negra de la tarde teniendo en cuenta la calidad de los otros. Al igual que los anteriores, aguantó la faena en los medios sin atisbo de rajarse en ningún momento y arrancándose desde lejos. Mató con media estocada desprendida, tardando mucho en caer quedándose en el centro de la plaza. Fue recompensado con una oreja.

            El cuarto, también del hierro de Virgen María, volvió a subir el listón hasta la posición que dejaron los dos primeros. Tuvo una salida muy bonita, arrancándose de lejos y llegando a los burladeros sin hacer ninguna parada, rematando por abajo y con mucha fijeza en el capote de Caro Gil. En algunos capotazos se dejó enganchar el torero y el eral protestó, poniendo nerviosa a toda la cuadrilla y provocando que dieran muchos capotazos sin necesidad. Se templó la faena en el cambio de tercio y regresó más calmado el torero, aunque no terminaba de acoplarse al animal y no pudo gustarse. El eral fue el segundo mejor de la tarde, con muchísima calidad en la embestida, nobleza, entrega y transmisión, exigiendo una faena en los medios dejándole espacio entre pase y pase pero dejándole la muleta puesta. Hubo una tanda en la que le llamaba de lejos, le perdía un par de pasos y con un simple toque volvía a embestir; el público se entusiasmó mucho y el torero no supo verlo. Las siguientes tandas las hizo ahogando al eral, sin darle tiempo ni espacio, apagándolo poco a poco. Aun así, los allí presentes supieron ver el nivel de la res y lo aplaudieron en el arrastre. Siguió sin sentirse cómodo el diestro, que llevó al eral hasta toriles para entrar a matar sin tanta presión; sin embargo, tras la estocada no manseó y el torero perdió la muleta al intentar apartarse. Le concedieron dos orejas.

            El último, de Santa Ana, fue la guinda que coronó el festival. En cualquier plaza hubiera formado un lío pudiendo cortarle las dos orejas y el rabo fácilmente. Tuvo una salida casi perfecta, repitiendo con muchas ganas, con recorrido, embistiendo al mínimo toque desde cualquier distancia, arrastrando el hocico por el suelo y con mucha fijeza. Le tocó en suerte al novillero Eloy Hilario, de la Escuela de Jerez de la Frontera, quien aprovechó la embestida del animal y puso a todos en pie. Se gustó Eloy en banderillas, animando mucho más al público. Llegó la muleta y con ella el mejor momento de la tarde; el eral mostró mucha suavidad dentro de la bravura y el motor, haciéndole sentirse muy cómodo y transmitiendo al tendido. La faena fue siempre a más, aunque el torero no terminó de adaptarse con la mano izquierda, pero eso no evitó que se comenzara a pedir el indulto. Tomó pronto la espada y lo despachó con dos tercios de la espada, que quedó algo trasera pero muy certera, pues tardó muy poco en caer. Le fueron concedidos los máximos trofeos, dos orejas y rabo, además de la muy merecida vuelta al ruedo al eral, que fue despedido entre aplausos. Éste habría sido un buen semental, pero sin duda es todo un privilegio haber podido disfrutar del triunfo que proporcionó.

            Esta ganadería se empieza a definir mucho antes de lo previsto y si sigue así, será una de las mejores que se puedan ver dentro de muy poco tiempo. Sólo me queda dar la enhorabuena al ganadero y a la persona que está trabajando tanto para que todo esto marche tan bien... enhorabuena Papá. Gracias por darme tu confianza para asistir de esta forma a un festejo de la ganadería y por confiar en mi criterio a la hora de poner las notas y analizar los detalles de cada eral.

            Me gustaría también dar las gracias a la compañía que tuve ese día, disfruté mucho intentando hacer taurina a mi compañera de piso Estefanía y me encantó volver a encontrarme con algún conocido de Jerez, como Alejandro. Si hay algo mejor que ver toros, es ver toros con buena compañía... Esperemos repetir pronto.

lunes, 30 de abril de 2012

Diferencia de opiniones entre partidarios y detractores de las fundas

Ni qué decir tiene el intenso debate que se vive hoy en día en lo que al tema de las fundas se refiere. Que si le quita belleza al toro, que si me aseguro la presencia en plazas de primera categoría… Todos tienen razón y sin embargo, todos se equivocan. Veamos por qué.
He tenido la suerte de poder ver de cerca todos los beneficios de las fundas en cuanto a los beneficios ganaderos, pero como aficionada también me he visto perjudicada en varias ocasiones. Por ello, me gustaría compartir con ustedes todas las conclusiones a las que he podido llegar hasta el momento.
Resulta evidente la mejora que han producido las fundas en el bolsillo del ganadero; se asegura la presencia en plazas importantes al mantener las astas intactas, tiene muchas menos pérdidas por cornadas, supera más fácilmente los reconocimientos veterinarios en los festejos, etc. Pero también supone un gran riesgo el procedimiento para ponerlas. Se requiere ir al cercado en el que se encuentra el toro con un caballo o (en algunos casos) un coche, que corren el peligro de ser embestidos. Si nos centramos en lo que debería ser una buena ganadería de bravo, se trataría sin duda de un caballo.
Se precisa de personal adecuado para llevarlo a cabo con éxito, que tenga conocimientos del comportamiento de los toros, que sepa trabajar con tranquilidad y seguridad, que sea consciente de los riesgos y los asuma de un modo precavido y apropiado. Un mal movimiento con una puerta, el reflejo de una sombra… una pequeñez de este tipo puede provocar que un toro remate en los corrales y quede inhabilitado para su lidia. Parece que la mayoría de la gente no es consciente de este factor y quizá este sea el motivo por el cual tras el uso de las fundas los toros que saltan al ruedo presenten cuadros de descoordinación o lesión muscular.
Otro perjuicio que presenta su uso es la fealdad que produce en la estampa del toro bravo. Si algo ha caracterizado a la ganadería brava ha sido la continuidad de la tradición, pero hemos dejado que se pierda en un mar de tecnología y contaminación. ¿Qué ha sido de las faenas a lomos de un buen caballo? ¿Dónde quedó la actividad constante del hombre en contacto con el toro? Todo se pierde y cada vez empeora más. En muchas ganaderías ya no extraña ver cómo se encierra un lote de toros con un coche, destrozando la finca, rompiendo con la estética y acabando con la naturaleza del toro. Resulta que todo esto que se comenta en estas líneas se produce realmente cada vez que hay que mover ganado. Son pocos los ganaderos que conservan las tradiciones de herrar a mano, tener una buena cuadra (no cuatro pencos mal domados), un buen mayoral que conozca cada uno de los animales y un buen equipo de vaqueros.
Parece una exageración y quizá muchos piensen que me estoy yendo del tema, pero no es así; sin todos estos factores bien cumplimentados no se puede obtener ningún beneficio.
Por lo tanto, de aquí saco mi primera conclusión, y es que las fundas sólo pueden ser defendidas por aquellos ganaderos que están comprometidos a velar por el cumplimiento de todo lo anterior. En caso contrario, lo único que se obtiene es perjuicio hacia la condición del toro y por lo tanto de la propia ganadería y de la Fiesta en su conjunto.
Asimismo, me gustaría tratar el tema de los medios de comunicación y la afición en este aspecto. No podemos negar que en la gran mayoría de las corridas los productores del Canal + Toros enfocan las astas de los toros que se están retransmitiendo. Y ya ni qué decir tiene los comentarios de los interlocutores. No señores, no. Olvídense de tanta tontería, que los toros dan en el suelo y si el equipo de veterinarios considera que es apto para la lidia déjenlos trabajar.
Con esto no quiero defender a los veterinarios, puesto que en mi opinión la gran mayoría sabe que se trata de toros porque tienen cuernos y embisten, pero por lo demás dejan mucho que desear. He podido estar presente en reconocimientos y apartados en los corrales de algunas plazas y he visto cosas, a mis 17 años, que otros de mucha más edad y se supone que experiencia universitaria no han sido capaces.
Y nos estamos confundiendo. El papel de muchos de los “veterinarios” de plaza se resume en lo siguiente: llegar, comprobar que los papeles de los toros estén en condiciones, e inmediatamente posan la mirada en los pitones. ¿Pero en qué facultad de veterinaria se enseña eso? Si se ponen fundas, al quitarlas hay que eliminar los rastros de pegamento, a lo que se dice “están afeitados”, pero no ven las puntas que llevan los toros (mejor no comentar). Si por el contrario no se ponen, no hay forma humana de hacer entrar en sus cabezas que los toros rascan en el suelo y se desgastan los pitones, pero su comentario vuelve a ser “están afeitados”.
Las fundas son un medio de proteger los pitones, y a pesar de los riesgos que se asumen al colocarlas (que siendo controlados por gente adecuada se reducen considerablemente), el costo de las mismas y la falta de estética, no puede pasar inadvertido el número de toros que se salvan anualmente en el campo.
La afición no es capaz de comprender hasta qué punto resulta duro para un ganadero criar durante cuatro años un toro para que en el último momento por una cornada, un derrote, una lesión… tanto por la pérdida económica como por la pérdida de prestigio al eliminar una posibilidad de darle un triunfo a la ganadería.
Para concluir me gustaría situarme en la neutralidad, puesto que como espero que haya quedado reflejado a lo largo de este artículo, no hay una posición clara de beneficio ni perjuicio con el uso de las fundas. Todo tiene sus pros y sus contras. Con ellas los ganaderos se aseguran la presencia en plazas mejores y reducen el número de muertes en el campo, mientras que los aficionados pueden disfrutar de un toro más íntegro. Sin embargo, los ganaderos necesitan invertir en los productos necesarios, en herramientas de  trabajo y en un lugar apto tanto para el trabajo de los vaqueros como para la comodidad del toro durante el proceso.
En el caso de no utilizarlas se volvería a la ganadería tradicional, a esa belleza campera que envuelve al hombre y al toro en un ambiente único que perdura en el tiempo. Para aquellos que tenemos una visión romántica (entiéndase de evasión de la vida cotidiana y expresividad del dolor y la emoción con gran intensidad), esta tradición no debería perderse, ya que nos devuelve todo aquello que una vez fuimos perdiendo. Esta artificiosidad envuelve al toro en la sociedad actual, consumista, falsa, monótona, superficial y basada en las apariencias.
Por tanto, ¿hasta qué punto puede considerarse que las fundas son beneficiosas o perjudiciales? Para mí personalmente se encuentran en un punto en el que no sabría decidir cómo afecta a la tauromaquia actual. Soy partidaria de hacer uso de las mismas únicamente cuando las condiciones son las adecuadas y siempre que el terreno en el que se críen los toros sea duro y provoque el desgaste de los pitones. Solución: criar los toros en un terreno que no haga necesaria la utilización de las fundas, para poder disfrutar del ambiente campero y natural que el ganado bravo puede proporcionar.
                                                                                              Irene Tirado Castellet

La situación actual de los encastes en la ganadería brava española

Últimamente está en boca de muchos aquello de “monoencaste Domecq” utilizado de modo despectivo; sin embargo, sólo se me viene una pregunta a la cabeza cuando oigo semejante expresión: ¿un verdadero aficionado no debería quejarse de la ausencia de bravura en la mayoría de las reses actuales en lugar de centrar las críticas en la procedencia de dichos animales? En mi opinión debería ser así, porque cuando uno asiste a un espectáculo taurino lo hace con la esperanza y el deseo de contemplar un rito entre el torero y el toro bravo, entre la vida y la muerte. Pero, ¿qué sentido tiene la filosofía del toreo cuando falta uno de los componentes principales: el toro? Ninguno.

Pero para hallar la fuente del problema debemos situarnos al comienzo de todo, en la ganadería. Los ganaderos cumplen un papel muy importante, ya que de su labor de selección y cuidado del bienestar de los astados dependerá el posterior comportamiento de éstos en la plaza. Si bien es cierto que el ganadero se rige por los gustos del espectador, ya que no tiene sentido criar durante cuatro o, a veces, cinco años, un animal que después va a ser rechazado por el gran público. Aquí podemos encontrar el primer obstáculo frente a la riqueza sanguínea de la cabaña brava: el aficionado. Y no podemos negar que la gran mayoría de nosotros a la hora de elegir un festejo al que acudir solemos escoger la ganadería que más triunfos obtiene, porque es inevitable. Este sea quizá uno de los aspectos más atractivos de la tauromaquia, el tener la esperanza de disfrutar de una bonita faena siendo consciente de las tragedias que se pueden vivir.

Sin alejarnos demasiado del tema que acontece, entra en juego el encaste, ese famoso factor que parece estar convirtiéndose en lo más importante de un festejo. Y esto no debería ser así. Cuando se va a una plaza hay que hacerlo siendo consciente del tipo de toro que se va a ver y las características propias de su encaste; pero no hay que limitar a ello la faena. Si sale una faena redonda de esas que se graban en la mente del aficionado y recuerdan cada detalle con emoción, lo primero que se viene a la cabeza es la forma de humillar, la nobleza y la bravura del toro, la resistencia, la transmisión. Entonces, aunque el encaste de cada uno de ellos limite ciertos aspectos, cuando sale un toro que de verdad transmite con el tendido, uno se olvida de encastes, de procedencias, para sentir el placer de la faena. ¿Qué es lo que el espectador está reclamando? ¿Nobleza? ¿Bravura? Porque si sale un toro manso la tarde será igual de aburrida sea de la ganadería que sea.

También es necesario comentar el papel del torero en este ámbito. Por todos es conocido que la gran mayoría de los matadores a la vez que van ascendiendo en el escalafón van solicitando ganaderías más “toreables”. Pero no es éste el caso de todos. Como hemos podido observar a lo largo de estas dos últimas temporadas, algunas grandes figuras (como El Juli, Enrique Ponce o Miguel Ángel Perera) han estado apostando por ganaderías más tenidas en el olvido, sobre todo de encaste Santa Coloma (véanse los ejemplos de Ana Romero y La Quinta).

Si me permiten el atrevimiento, me gustaría compartir un pensamiento que me ronda por la cabeza constantemente. Quizá parezca demasiado extremo o exagerado, pero no se queden en lo superficial, sino que les pido que intenten comprender la idea que quiero transmitir. Tengo la seguridad de que si se celebrara un festejo con seis toros procedentes de diferentes encastes, a los cuales no se les ha herrado con la marca propia de la ganadería y se les ha cubierto por completo de pintura, por ejemplo verde, otro gallo cantaría. Cuando los asistentes se encontraran frente a seis toros en los que no pueden saber su procedencia (ya que les falta el hierro) y no pueden guiarse por la capa (aquellos que están más enterados pero no lo suficiente), se encontrarían completamente perdidos. Al ver la lidia realizada a cada uno de ellos comprenderían entonces la verdadera bravura, la verdadera calidad, y dejarían de guiarse por la superficialidad reflejada en un folleto de papel.

Yo soy la primera en poner en práctica esto que digo. Siempre solía acudir a festejos de encaste Domecq y Núñez, por pensar que eran los que más calidad transmitían, pero por suerte comprendí que no podía ser así y empecé a variar ganaderías. Y lo más gratificante que pude extraer de la experiencia fue la comprensión de la bravura, el aprender a ignorar aquello que cuentan en libros y en panfletos, para poder descubrir por mí misma el propio concepto de bravura. Así que olvidemos esas tonterías de “monoencaste Domecq” o “tal toro no puede ser bueno porque pertenece a tal encaste” y aprendamos a ver los toros en su máxima pureza, a descubrir aquellos conceptos que ningún libro nos puede enseñar, a disfrutar de una faena siendo conscientes de los detalles en los que hay que fijarse, pero sin dejarse llevar por los prejuicios a ese encaste.

Espero que la visión que aporto en este artículo les haga reflexionar acerca de lo que pretendo transmitir. El problema de la Fiesta está dentro de nosotros, por nuestra falta de claridad en el pensamiento y nuestra incapacidad de defender este mundo. Así que empecemos a valorar lo que tenemos y a sacar todo lo bueno que hay en ello, sin criticar por criticar, ni dejarnos llevar por los prejuicios.

Un saludo a todos los aficionados, de parte de una joven que desea que esta tradición no muera por no saber respetarla y defenderla.

                                                                        Irene Tirado Castellet